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La famlia como colaboradora fundamental en la educacin y en el desarrollo cognitivo de los nios sordos en la perspectiva del bilinguismo
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Publicado em 2001
I Seminrio de Ciencias Sociales y Humanas, Institut Catal de Cooperaci Iberoamericana (ICCI). Tendencias Actuales en Investigacin Social. Barcelona: ICCI, p.154-165
Omar Barbosa Azevedo
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Resumo

La temtica de la educacin en la condicin de sordez necesita ocupar un espacio todava ms amplio entre las preocupaciones investigadoras de las universidades, tanto en la Iberoamrica, como en Espaa. No por el hecho de que este es un tema tpicamente relacionado con la educacin especial, pero por que la condicin de sordez, cada vez ms, es abordada desde una perspectiva que trata sus questiones como problemas del mbito de las relaciones culturales y de la lingstica. En este trabajo, evidenciamos la importancia de la lengua de signos de las comunidades sordas, en el proceso de desarrollo cognitivo y afectivo de los nios sordos, destacando las razones por las que el papel de la familia como colaboradora de la escuela es estruturante y optimizador del desarrollo global de estos nios en la perspectiva de la educacin bilinge.

Introducción

Descobrir que un hijo es deficiente auditivo no es una experiencia facil para muchas familias. La escolarización del niño sordo es un desafío para la criatividad de profesores, directores y otras personas involucradas en la educación del niño en condición de sordez. Para la familia, las reacciones más esperadas son las vinculadas al sentimiento de negación de la sordez. Para la escuela, el desafío de crear adaptaciones curriculares que permitan suprir la ausencia del "input" lingüístico sonoro y establecer una base de comunicación en la cual los contenidos puedan ser trabajados. Para ambos, inúmeras cuestiones y dificultades por ser superadas en el vacuo que hay entre el modo de organización del pensamiento con base en la sintaxis adquirida en la experiencia oyente, y el modo establecido por la experiencia sorda - determinante de una otra organización sintáctica, que genera un fenómeno lingüístico-cultural singular: la lengua de signos.

Por el hecho de que los sordos poseen una lengua propia y por su fuerte tendencia para formar grupos entre iguales, la sordez pasa a ser una cuestión que sobrepasa el ámbito de la medicina y de la educación especial. La sordez empieza a ser socialmente reconocida como un fenómeno cultural y, con algun exagero, se podría pensar en la existencia de un pueblo sordo. Marchesi (1990a, p.244) describe este punto de vista así:

La sordez profunda, han señalado acertadamente Schlesinger y Meadow, es 'mucho más que un diagnóstico médico: es un fenómeno cultural, en el que los modelos y problemas sociales, lingüísticos e intelectuales están estrechamente vinculados.' Estas pautas de relación y expresión han sido recibidos, por algunos, como semejantes a las que constituyen una subcultura y por otros, de forma menos comprometida, como rasgos propios, capaces de constituir una comunidad específica. (Trozo destacado por nosotros).

La especificidad de la sordez como una cuestión socio-lingüístico-cultural, hace con que los sordos tengan una cultura singular y puedan ser considerados como miembros de una comunidad específica. Aunque la propuesta de educación oralista haya tenido largos años de aceptación, si tenemos en cuenta la referida especificidad, veremos que la alternativa más equilibrada para la educación de estas personas es el abordaje bilingüe. Es decir que si pensamos la cuestión de la sordez desde esta otra perspectiva, la lengua de signos pasa a tener gran importancia como herramienta educativa, una vez que este código puede ser compartido entre interlocutores oyentes y sordos. La posibilidad de utilización de la lengua de signos en la educación de los niños sordos, hace con que los oyentes necesiten aprender esta otra modalidad de comunicación. Al comentar los requisitos fundamentales para la implementación de este cambio de papeles en la educación del niño sordo, Fernández-Viader (1996, p.18-19) afirma que:

En primer lugar (...) dado que la Lengua de Signos es una lengua completa y es la lengua natural de las personas sordas debe ser instrumento de comunicación preferente en las aulas (...) En segundo lugar, la Lengua de Signos también debe ser considerada como contenido de estudio para los niños, es decir, como otra área curricular. Esta consideración le concede a la Lengua de Signos el status de lengua de prestigio, y contribuye a que los alumnos progresen en competencia de lengua de signos. También les facilita el acceso al análisis comparativo entre esta L. de S. y las restantes lenguas de la comunidad. (Trozos destacados por nosotros).

El problema básico del abordaje oralista es que su lógica opera de modo a suponer que el niño sordo debe ser integrado exclusivamente en la comunidad oyente. ¿Es demasiado pensar que también la sociedad necesita integrarse e incluirse en la comunidad deficiente? Marchesi (1990a, p.233) ofrece argumentos muy claros con respecto a la importancia de la lengua de signos y de la comunidad sorda, para la educación de los niños sordos, una vez considerada como un fenómeno socio-cultural:

Finalmente, hay que señalar la importancia del proceso educativo. Una educación adaptada a sus posibilidades, que utilice diferentes recursos comunicativos, que contribuya a su socialización, que sea capaz de no marginar al niño ni del mundo de los oyentes ni del mundo de los sordos, puede tener enormes repercusiones favorables para su aprendizaje y su educación. Consecuencias favorables son más difíciles de obtener, si es el niño quien debe adaptarse a modelos educativos que se han establecidos pensando exclusivamente en los niños oyentes. (Trozos destacados por nosotros).

El papel de la familia

Por el hecho de ser el primero ambiente socio-cultural donde se desarrolla el niño, su familia debe ser considerada como colaboradora fundamental para su educación en el sentido amplio de la palabra, y para su escolaridad, en el sentido más específico. Es en el contexto familiar, que surgen las primeras dificultades básicas de comunicación y luego viene la necessidad de establecer un código común para las interacciones cotidianas. Considerando estas dificultades, Rafael Bautista (1997, p.356) sugere un camino para enfrentar los problemas por una vía de acogida afectiva del niño sordo:

Los padres desempeñan un papel importante en la reabilitación de sus hijos, una vez que es en un ambiente de cariño y apoyo que mejor se desarrolla un niño. De este afecto, del apoyo, de la aceptación del niño (y no del problema) y del tiempo dedicado a él, depende, en gran medida, su evolución. (Trozos destacados por nosotros, tradución nuestra).

Marchesi (1990a, p.242) describe con mucha propriedad el estado emocional de la familia del niño sordo y de sus posibilidades de evolución, con respecto al modo de enfrentar el hecho de la sordez de un hijo:

El diagnóstico de la sordera es ciertamente un hecho sumamente doloroso para los padres. El conocimiento de esta deficiencia genera en los padres no sólo sentimientos de tristeza, sino también de ansiedad e inseguridad ante el desconocimiento de las consecuencias futuras de la pérdida auditiva. No hay que olvidar que la gran mayoría de los padres de niños sordos son oyentes, por lo que desconocen completamente las repercusiones da la sordera. Las reacciones posteriores pueden ser muy distintas.

Pasado algún tiempo, unos cambios pueden ser verificados, pero lo que prevalece en el principio es el sentimiento de negación del diagnóstico de sordez y un largo tiempo dedicado a la búsqueda de aclaraciones que puedan hacer médicos, logopedas y otros profisionales que de alguna manera podrían decir otra cosa:

Las reacciones posteriores pueden ser muy distintas. Hay padres que tienden a negar la existencia de la sordera. Piensan consciente o inconscientemente que es una situación transitoria que el niño va acabar superando. Recurren por ello a nuevos diagnósticos y a distintos especialistas con el fin de conseguir un informe positivo o garantías de curación para un futuro próximo. Esta posición evita también tener que adoptar un estilo comunicativo e interactivo distinto. Ya que el niño no va a ser sordo, no es necesario pensar que su lenguaje o su educación va a ser diferentes a la de sus hermanos o a la de los outros niños de su edad. (MARCHESI, 1990a, p.242).

El intento de negación del diagnóstico de sordez genera muchas dificultades emocionales para los padres y durante algún tiempo también los impide de darse cuenta de la necesidad de un código de comunicación común. Todo este contexto puede traer perjuícios lingüísticos y emocionales para el niño sordo.

Asimismo, de acuerdo con la afirmación de Bautista, la aceptación del niño sigue siendo el mejor camino para favorecer relaciones más adecuadas entre padres y hijos, lo que seguramente, abre una vía para un desarrollo que sea el más normalizado posible para los niños sordos. Finalmente, están los padres que aceptan el hecho de la deficiencia auditiva y buscan adaptar sus pautas educativas e interactivas a las características del niño sordo para favorecer su comunicación y su autonomía (MARCHESI, 1990a, p. 242).

Es por su posición como primero ambiente social y lingüístico y por su importancia, como apoyo emocional para el niño sordo, que la familia tiene un papel especial en la educación y en el desarrollo global del niño sordo. Es solamente con el apoyo de la família, que el proyecto de una educación bilingüe podrá resultar en desarrollo cognitivo, educativo y emocional, y para ello la familia también deberá enfrentar el desafio de establecer un código comunicativo común con su hijo sordo.

Bilingüismo y Oralismo: Aclarando nociones

De manera propositada, en el presente trabajo hemos utilizado conceptos que todavía no han sido explicados para los lectores. Más que una estratégia para motivar una lectura atenta para las personas realmente interesadas en esta temática, hemos intentado reproducir una situación en la que alguien necesita comprender algo y no consigue. Es de esta manera que debe sentirse el sordo "viendo voces", como diría Oliver Sacks (1998), autor de un clasico libro sobre el tema de la sordez comprendida no como una discapacidad, sino como un fenómeno cultural. Con la explicación más detallada de algunos conceptos, el lector podrá comprender más fácilmente los términos del debate sobre el tema de la educación de los niños sordos. Es decir, aclarar los conceptos desconocidos hace que ellos puedan ser mediadores más eficaces para la comprensión del texto. A partir de esta analogia, planteamos la pregunta ¿La persona sorda no necesita de un sistema mediador adaptado a sus posibilidades perceptuais para facilitar la comprensión del mundo a su alrededor? Es cierto que sí, y teniendo en cuenta esta afirmación, intentaremos demonstrar que la lengua de signos es el mediador más eficaz entre el mundo del niño sordo y el contexto de su desarrollo. Fernandez-Viader y Triadó Tur (citado en Fernandez-Viader, 1997, p.1050) explican este punto de vista:

(...) para que se dé la negociación de significado entre el adulto y el niño sordo debe existir un código compartido por ambos para hacer accesible al otro la representación de la situación. Las autoras plantean que la Lengua de Signos, podría ser la forma de mediación semiótica apropriada para estas díadas. (Trozo destacado por nosotros).

El oralismo es un abordaje para la educación del ninõ sordo. Su objetivo principal es hacer que el niño hable, utilizando para eso estimulaciones de otros sentidos para que él pueda percibir la presencia de las cordas vocales. El proceso está pensado para que el niño sordo vocalice sonidos y desarrolle la pronunciación, aunque le sea imposible oirse a si mismo. Además del trabajo vocal, esta propuesta también está basada en la enseñanza de la lectura labial, lo que hipoteticamente podría llevar una persona sorda a ser funcionalmente idéntica a una persona oyente. En no muchos casos, estes objetivos han sido atingidos, pero jamás sin un esfuerzo desmesurado, altas inversiones y muchas frustraciones. Asimismo, la pronunciación de las palabras resulta siempre difícil para el sordo y con una sonoridad extraña para los oyentes. El abordaje oralista no está totalmente descartado. Las habilidades de vocalización y decifración del habla de los oyentes siguen como factores importantes para la normalización de la vida de la persona sorda y deben ser desarrolladas si ella posee restos de audición. Teniendo en cuenta una visión más socio-cultural de la sordez, lo que nos gustaría cuestionar es la exclusividad del método oralista como propuesta educativa para el niño sordo, y su imposición en los primeros años de su vida educativa. Una vez más, el comentário del profesor Marchesi (1990b, p.254) sintetiza nuestras palabras:

Este proceso de recuperación teórica del lenguaje de signos se ha acompañado por una constatación de las limitaciones educativas de los métodos exclusivamente orales. Las dificultades que los sordos encuentran para progresar en la lectura labial o la compreensión de textos han hecho volver la mirada hacia formas de comunicación más adaptadas a las posibilidades de los sordos. (Trozos destacados por nosotros).

La búsqueda por modalidades de comunicación más adaptadas a las posibilidades de la persona sorda ha culminado con la incorporación del concepto de bilingüismo, que por las palabras de Fernández-Viader (1996, p.18), puede ser así resumido: “El concepto de bilingüismo implica el domínio, por parte de la persona, de dos o más lenguas, de una comunidad bilingüe, como es el caso de Catalunya, el País Vasco o Galícia.”. La defensa del bilingüismo como principio educativo para los niños sordos en publicaciones de origen ibérica no es algo tan sorprendente, una vez que España tiene una tradición histórica de convivencia del castellano con las referidas lenguas de las comunidades autónomas. En resumen, el bilingüismo es un princípio educativo que reconoce a los sordos en su especificidad lingüística, aceptando el hecho de que su primera lengua (o lengua nativa) es la lengua de signos y que la lengua hablada de su comunidad debe ser su segunda lengua.

Uno de los más importantes investigadores de este tema en España, el profesor Álvaro Marchesi, reconoce la legitimidad lingüística de la lengua de signos y su utilidad como mediación apropriada para las relaciones entre oyentes y sordos. Su utilización en el ámbito educativo, es favorable para el desarrollo cognitivo del niño sordo y el progreso de su escolaridad:

Hoy es un hecho admitido que el lenguaje de signos es un auténtico lenguaje, con una estructura de gramatical propria y con posibilidades de expresión en cualquier nível de abstracción. Los estudios sobre la adquisición del lenguaje de signos han comprobado que los niños sordos siguen una etapas semejantes a la de los oyentes con el lenguaje oral. Otras investigaciones han puesto de manifiesto que la adquisición temprana del lenguaje de signos no entorpece el desarrollo del habla, sino que incluso favorece la ampliación del vocabulario, la lectura y el rendimiento académico. (1990b, p.253-254, con trozos destacados por nosotros).

Seguramente, la adquisición de la lengua de signos por un niño sordo, no es posible si este aprendizaje no tiene un valor personal y concreto en su vida. ¿En qué ambiente el acto de nombrar el mundo a su alredor podría ser más significativo al aprendizaje de un código lingüístico que no el ambiente de su própria casa?

Acreditamos haber conseguido aclarar las nociones de oralismo y de bilingüismo. Esperamos también, haber sensibilizado el lector para el hecho de que la lengua de signos es un lenguaje singular con plena legitimidad como legua y posibilidades de utilizaciones educativas. Teniendo en cuenta las implicaciones de estas perspectivas, hemos intentado poner de manifiesto que una opción equilibrada para la educación del niño sordo es la utilización de ambas as lenguas en momentos adecuados. Fernández-Viader (1997, p. 1051-1052) nos ayuda a explicar que:

...la opción bilingüe podría ser, en estos momentos, la más adecuada, considerando el bilingüismo como secuenciación de Lengua de Signos, Lengua escrita y Lengua hablada. Dicha opción podría ser para estos estudiantes la más ajustada a sus posibilidades perceptuales y, en consecuencia, aquella que abrirá una via a la igualdad de oportunidades y a la plena integración en la sociedad de estas personas. (Trozo destacados por nosotros).

El niño sordo en su desarrollo, va creciendo en dirección a la convivencia con dos culturas: la cultura de los oyentes de su entorno y la cultura de la comunidad de sordos, constituída por personas que necesariamente deberán participar en las primeras experiencias educativas de los niños sordos. Entendemos que un proyecto educativo que lleve en cuenta esta perspectiva, tendrá mejores posibilidades de integrar el niño sordo en los dos grupos.

La família y la educación bilíngüe

El ambiente lingüístico en que el niño sordo necesita adquirir un sistema comunicativo de modo equilibrado y natural es la familia; y como hemos visto en la propuesta de Fernandez-Viader, también deve ser la escuela. Si ambos no utilizan la lengua de signos, el desarrollo cognitivo del niño sordo puede sufrir pérdidas importantes. Es decir, sin un entorno que esté adaptado a sus posibilidades naturales de percepción, el niño puede experimentar una tensión emocional, que seguramente dificulta su progreso en la propia comprensión del mundo oyente. Una tesis doctoral realizada por Harris (1977, citada por Marchesi, 1990a, p.235):

...analizó el estilo cognitivo reflexivo o impulsivo de los niños sordos. Comprobó que aquellos niños que han adquirido el lenguaje de signos desde pequeños tienen una manera más reflexiva de enfrentase a los problemas que aquellos otros niños sordos que solamente se han enfrentado con el lenguaje oral y que todavía no lo han interiorizado suficientemente.

Estructurar una comunicación basada en el lenguaje de signos es algo imprecindible desde las edades más tempranas una vez diagnosticada la sordez. Mejor puede ser la suerte del niño sordo si los padres luego vencen sus sentimientos de negación y enfrentan la situación de modo realista, buscando una lengua que todos puedan "hablar" y comprenderse. Meadow (citada por Marchesi, 1990b, p.254) pone de manifiesto que:

Si las bases para la comunicación no se establecen pronto, durante el período en el cual los mensajes pueden ser transmitidas fácilmente a través de gestos ordinarios o sencillos, códigos idiosincrásicos, la familia no puede esperar comunicarse adecuadamente durante largo tiempo. Pronto los padres y el niño necesitan referirse a objetos ausentes, al pasado o a sucesos futuros, a sentimientos y emociones que no pueden tener una referencia concreta.

Considerando lo que hemos expuesto, es posible comprender porque la lengua de signos (o otro código signado, como el sistema bimodal) pasa a tener una importancia especial para el niño sordo y para su familia. Si la familia acepta la condición de sordez de su hijo, sus membros luego encontran soluciones para los problemas cotidianos de comunicación. Es decir, si no acepta la sordez del niño la familia vive duras frustraciones por no conseguir comprenderlo. Esta no es una afirmativa tan solamente teórica. Los estudios que han sido realizados en este campo demuestran que:

Un factor diferencial importante es que los padres sean también sordos o sean oyentes. En el primer caso, los padres aceptan con más facilidad la sordera de su hijo, comprenden mejor su situación y ofrecen al niño un sistema de comunicación, el linguaje de signos, que va aprender con gran facilidad y que va a permitir estructurar unos intercambios comunicativos más fluidos y satisfactorios. En el caso de los padres oyentes, que son el 90% del total, si bien presentan modelos más completos para la adquisición del lenguaje oral, experimentan mayores dificultades para encontrar el modo de comunicación adecuado y para comprender las experiencias vividas por el niño sordo. (MARCHESI, 1990a, p.232. Trozos destacados por nosotros).

La experiencia entre padres y hijos sordos enseña un camino para los 90% de padres oyentes: la lengua de signos como sinónimo de un ambiente lingüístico más fluido y emocionalmente más estable. Marchesi (1995:205) concluye:

Los niños sordos cuyos padres son también sordos adquieren de forma espontánea el lenguaje de signos que se utiliza en el ambiente familiar. La relación que existe entre el niño sordo y el input lingüístico es semejante a la que se produce entre los niños oyentes y el lenguaje oral hablado en su familia. (Trozo destacado por nosotros)

Es casi inevitable que los padres oyentes no lleguen a utilizar algún tipo de código signado. Las familias suelen crear signos hogareños, pero cuando tienen algún contacto con la lengua de signos de su comunidad de sordos, tienden a producir una forma de comunicación caracterizada por la bimodalidad que utiliza los signos convencionales de la lengua de signos en el orden del lenguaje hablado, que es más conocido para el oyente (es decir, son las "palabras" de la lengua de signos emitidas con sintaxis de la lengua hablada). El profesor Marchesi (1990a, p.237) nos explica:

Este sistema de signos no es el lenguaje de signos proprio de los sordos, con un orden y estructura propria, sino que utiliza vocabulario del lenguaje de signos, pero se adapta al orden y a las reglas del lenguaje oral. El niño sordo se enfrenta en este caso, con una expresión simultánea del lenguaje oral y del lenguaje de signos. Su adquisición le permite estructurar un lenguaje en unas edades - de dos a cinco años - en las que todavía no ha podido interiorizar el lenguaje oral, facilitándole la adquisición de éste último. Posiblemente este sistema de signos que el niño sordo adquiere en edades tempranas va a ir transformándose en un lenguaje de signos más genuino, en la medida en que se relacione con sus compañeros o adultos sordos que lo empleen. (Trozos destacados por nosotros).

Para el niño, la bimodalidad es mejor que la imposición de una comunicación solamente basada en la interacción oral, y para los padres (acostumbrados al sintaxis de la lengua hablada) esta es una alternativa viable para que puedan aprender algo relacionado a la lengua de signos, además de poder establecer la comunicación necesaria a las pautas de la vida cotidiana de una familia. Un estudio realizado por Schlesinger e Meadow (citado por Marchesi, 1990a, p.243):

...indicó que las madres (oyentes) de los niños sordos se mostraban más inflexibles y didáticas que las madres de los niños oyentes. Cuando dividieron el grupo de niños sordos de acuerdo con su competencia lingüística comprobaron que las interacciones de los niños con mejor nivel comunicativo eran semejantes a las de los niños oyentes. También comprobaron que cuando se utiliza un sistema comunicativo bilingüe o bimodal se produce una mejor interacción social. Los padres que incluían un sistema manual de comunicación mostraban mayor confianza y aceptación y una sensación de mayor eficacia en su papel de padres. (Trozos destacados por nosotros).

Como hemos intentado demonstrar, la mejor calidad de interacción comunicativa que un niño puede establecer con su familia a través de un código signado es de gran importancia para su desarrollo cognitivo. La utilización de alguna modalidad signada de comunicación, puede garantizar la estabilidad emocional necesaria para que la sordez no sea una cuestión determinante en la no aceptación del niño como persona. No aceptar el niño como persona y no valorar sus capacidades, son dinámicas negativas que además de perjudicar los aprendizajes, generan conflictos personales y seguramente repercuten en las etapas siguientes de la vida.

Aunque el ideal sea que los padres aprendan el lenguaje de signos de la comunidad sorda de su pais o región, el empleo de un código bimodal quizá sea la alternativa menos peor para los niños sordos, así como también para sus padres oyentes. Es que los niños necesitan el "input" visual para garantizar la estructuración de un código lingüístico que posibilite la generación de representaciones y las negociaciones de significados en las interacciones cotidianas con las personas de su familia. Las palabras del profesor Álvaro Marchesi (1990b, p.255) traducen esta situación enfrentada por muchas familias y por muchos profesores oyentes que trabajan con niños sordos en régimen de integración:

Sin embargo, hay otro tipo de razones, relacionadas con la posibilidad de uso, que orientan más bien a la utilización del lenguaje oral signado o comunicación bimodal. Los padres y educadores tienen más facilidad para aprender este sistema y pueden utilizar simultáneamente ambos códigos. Esto les hace sentirse más confiados y seguros, al comprobar que pueden aprenderlo sin dificultades y que esto no supone relegar la comunicación oral. (Trozo destacado por nosotros).

Conclusión

Basados en un abordaje más socio-cultural de la cuestión de la sordez, hemos intentado evidenciar y aclarar el hecho de que la lengua de signos tiene status de una lengua independiente cuyo aprendizaje tiene una importancia especial para el desarrollo socioemocional-cognitivo del niño sordo. Por el hecho de ser su primero ambiente social, y por este motivo, un ambiente muy significativo para el niño sordo, es la familia que detiene el papel de colaboradora de la escuela para un desarrollo satisfactorio de su hijo. La educación de estos niños, debe prepararlos para que puedan interaccionar con personas de las dos comunidades: la oyente y la sorda. Este papel que detiene la familia, puede ser vivido con mayor facilidad, si los signos son utilizados para establecer un código común que haga posible la comunicación. Por estas razones, entendemos que:

La actitud de los padres ante la sordera de su hijo va a tener una notable influencia. Las reacciones pueden ser muy distintas: desde aquellos que tratan de negar su existencia y no se adaptan por tanto a las necesidades del niño, hasta los que le protegen excesivamente. En una posición intermedia y más positiva se situarían los padres que, asumiendo las consecuencias de la sordera, crean un ambiente relajado de comunicación e intercambio, utilizan con su hijo todo tipo de recursos comunicativos y favorecen su autonomía personal. (Marchesi, 1990a, p.232, trozos destacados por nosotros).

Esta autonomía a la que se refiere el profesor Álvaro Marcehsi, es el primer paso para una ciudadania plena, que no es otra cosa sino que el objetivo último de la educación, sea para las personas oyentes, sea para los niños y personas sordas...

Bibliografia

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